Un mal día

Definitivamente hoy he tenido un mal día.

Todo ha comenzado con un traspiés nada más levantarme del sueño reparador, si es que el acto de dormir repara, ha sido el desencadenante de todos los sucesos posteriores en este largo día que toca a su fin.

Los primeros instantes del día comenzado por lo general suelen ser metódicos en la ejecución de las acciones: visita al lavabo, rápida mirada al espejo, cocina, desayuno, abluciones… Hoy, después del incidente han cambiado las cosas.

No se muy bien el motivo, pero ha partir del momento en que ha ocurrido la caída he tomado una decisión, ha sido un pensamiento fugaz, determinante, esa idea va a ser la que guíe mis pasos en esta jornada: voy ha transgredir una norma, cual, no lo sabía entonces, no ha sido sino al pisar la calle cuando he sabido: cruzar por zonas no habilitadas para el peatón y los semáforos en rojo.

Había depositado demasiada confianza en la pericia y buena voluntad de los conductores, un error. El primer impacto, brutal, rotura abierta de tibia y peroné además de una luxación de hombro. Tres minutos hasta la llegada de los servicios médicos, cinco de trayecto hasta el hospital, un minuto y medio para la reducción y sutura de la rotura, doce minutos de convalecencia y otra vez en la calle.

Empeño es empeño y allá que voy, segundo impacto, este, no menos fuerte, peloteo entre transporte de pasajeros municipal y motocicleta, añadiéndose en el ultimo instante un utilitario verde, resultado del juego, costillas rotas (sin determinar el número), esguince cervical, rotura de fémur de la pierna derecha y tobillo del pie izquierdo, contusiones varias. Treinta y ocho minutos después y ya repuesto vuelvo a las andadas, el resultado ha sido similar en todos los intentos llevados a cabo, que no han sido pocos; unas cicatrices adornando mi cuerpo van a ser mis fieles acompañantes, recuerdo de esta jornada.

De los sonidos poco que decir, gritos, claxon, imprecaciones, graves, agudos, soprano…; del color una sopa variada.

Cansado del juego desisto de mi idea primera y decido regresar a casa, ahora bien, todo con orden: rojo, amarillo y verde. Sucede la tragedia del modo más inesperado, golpe frontal con un viandante despistado que me lleva a mi situación actual, tres meses de recuperación en cama y únicamente libertad de movimiento en mis manos para poder teclear esta líneas.

Lo dicho, un mal día.

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