Primer vuelo

Hoy Izarbe ha tenido su primer contacto con el exterior aéreo, un vuelo de unos pocos minutos. Ese tiempo he estado angustiado, expectante, y no menos henchido de orgullo paterno.

Todo comenzó hace unos días, sales del trabajo, una buena noche y un largo paseo hasta casa. Vas abstraído en tus pensamientos y de repente algo ocurre, un pequeño tumulto de gente y diriges tus pasos hacia allí. Para ser sincero, no podía imaginar lo que vi, un grupo de gente recogiendo los trastos de lo que había sido ese día un rastrillo de ilusiones, no sé cómo no me había enterado antes. Todo un descubrimiento para mis ojos, retazos de ese día todo para mí, me adentro y rápidamente entablo conversación con un viejo que trajina con unos cachivaches imposibles, la curiosidad queda colmada: unos pantalones sin pernera, un espejo de agua, un reloj de viento, tres zapatos del pie derecho -el viejo me comenta que cuando te calzas uno automáticamente aparece el otro par en el pie-, un enebrador de agujas, un archivador de sueños no recordados, y unos cuantos objetos que no acierto a describir. Sin embargo y tras un rato observando mis ojos se van a un rincón donde descansan un par de alas polvorientas, pregunto, soy respondido, compro.

Para curiosos, las alas han sido confeccionadas con una selección de plumas de distintas aves: cuatro plumas de picaraza, dos de fénix, veintiocho de gorrión, doce de pavo real, seis de kiwi, dos de gallina, treinta y seis de ánade, catorce de águila imperial, ocho de halcón peregrino, diez de mirlo, cuarenta y ocho de gaviota… podría seguir pero la enumeración es larga, valga esto de ejemplo; todo el conjunto listo para vestir y elevarse a las alturas.

A lo largo de estos días y siempre en ausencia de Cristina el ingenio ha sido probado, primero con Crispi (la gata, mejor no hablar del resultado, se le fueron unas cuantas vidas) y luego con Izarbe. Aquí las pruebas han ido mejor: una cortina rota, tres cuadros en el suelo, las paredes para pintar y una jornada sin bombillas, además de un arañazo, dos cardenales y tres chichones.

Está mañana, y en ausencia de Cristina, se ha producido el vuelo, dejo a Izarbe en el alfeizar de la ventana, un ligero impulso y a volar. No se puede decir que haya sido un vuelo perfecto, en un inicio ha caído unos dos metros, se ha repuesto y ha iniciado una ascensión llena de vaivenes y amagos de zozobra, esto fruto de un inoportuno viento; alucinante es la reacción de los vecinos: gritos, incredulidad, desconfianza e incluso en el ensimismamiento me ha parecido oír una detonación, si esto es cierto malo es el tirador, el aveizarbe ha llegado sin rasguños.

Que puede decir un padre cuando una hija emprende el primer vuelo, nada. Una descripción somera puede dar el siguiente resultado: unos minutos de vuelo, persecución a una bandada de gorriones, un encontronazo con una tórtola,  dos enganchadas con sendos tendedores de ropa, uno con ella y otro sin prendas, chillidos similares a un ave ignota, una partida de pilla-pilla con unas palomas, una discusión con una picaraza por una cuestión de preferencia de paso.

El aterrizaje sin sorpresas relevantes, llega con sonrisa amplia y los ojos vidriosos.

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