Políticamente correcto

El día está desapacible, igual que la clase política. Esta generalmente nos aconseja paciencia y calma para afrontar imprevistos y adversidades, a los que, por cierto, ya estamos bastante acostumbrados. Atascos en operaciones salida o días de lluvia, obras, reventones de tuberías, transporte público, esperas en el sistema sanitario, urgencias, moderación salarial, alza de precios, decrecimiento económico, retrasos en trenes y aviones, colas en servicios públicos, apretarse el cinturón, son solo una muestra de la convivencia estoica que los ciudadanos de a pie tenemos con los imprevistos y adversidades en un espacio coyuntural ajeno e inmerso en la vorágine del marco internacional, según se dice.

Sumamos, cien días es el margen de confianza que, la clase política al inicio de cada legislatura pide a las oposiciones varias antes de responder de actuaciones, responsabilidades… En esta clase incluyo al ejecutivo nacional, autonómico, provincial, municipal y comarcal. Inocente de mi me pregunto si cada persona que accede a un puesto de trabajo decidiera solicitar un plazo de cien días de confianza. Imaginemos, peón para puesto de producción, contráteme que en cien días va a ver de lo que soy capaz, hasta entonces un margen de confianza; se lo imaginan, se puede seguir así con cualquier profesión. Cien días estaría bien para que mientras se ajustan los engranajes, sus señorías electas dejaran de lado el coche oficial, la plaza de parking y se pasearan por el mundanal ruido y en el ejercicio de sus responsabilidades utilizaran los trenes de cercanías, autobuses urbanos, metro, tranvía, bicicletas, caminaran entre vallas, estacionaran en la vía pública, recorrieran carreteras tercermundistas, solicitaran plaza para el colegio, acudieran a la sanidad pública previa cita o a urgencias en caso de necesidad, si la hubiere, se enfrentaran a colas interminables, a la respuesta de vuelva usted mañana… y así hasta agotar el merecido margen de confianza. Margen que nunca he entendido bien, ya que se supone que se esta preparado para asumir responsabilidades y se tiene toda la información necesaria cuando se presenta un programa para poder ejecutarlo desde el inicio, incluyendo los factores de corrección.

Añadimos al sumando, la clase política que tenemos es renacentista mire por donde se mire, a una misma persona se la puede ver en diferentes legislaturas ocupando puestos de responsabilidad diversa , director de área, secretario general, concejal, consejero, director de alguna agencia especializada, viceministro, gerente de empresa pública, patronato o instituto, secretario de estado… y, por fin, el anhelado ministerio, ¡ah! y todos cargos sin relación aparente entre sí, increíble.

Tanto trabajo en la primera línea requiere de un merecido descanso y dejar paso a otras caras para que la democracia se renueve, por lo que a partir de aquí no será difícil de ver a antiguos dirigentes, senadores, consejeros, diputados… en puestos de relevancia en algún consejo de administración, presidiendo fundaciones y ONG´s, asesorando empresas, impartiendo clases magistrales, retomando vocaciones insospechadas, aceptando cargos a regañadientes y, con una vida tan rica en emociones, redactando unas brillantes memorias políticas, que darán paso a las personales, ya que el viaje sino no se entiende, tanto monta monta tanto.

Las nuevas caras, al igual que las antiguas, algo tienen en común, que la mayoría están formadas en leyes, económicas y empresariales. Eso si, echo de menos ver en las distintas administraciones otros rostros, los de un panadero, una fontanera, un banderillero, una becaria de investigación, un soldador, una conductora de transporte internacional, un pianista, un cura, una cabaretera, una mino, un artista de circo, un carpintero, una técnico informática, una prostituta, un gigolo, un dependiente, una cajera, un reponedor, una repartidora, un comercial, un operario de producción, una minera, un barman, una pintora, un bailaor, un gaitero, una diseñadora gráfica, un parado, una autónoma, la señora que puntualmente pasea a sus perros todos los días a las ocho de la mañana, el vecino del tercero derecha al que se le cae intencionadamente una pinza cada vez que tiende, el pluriempleado del segundo izquierda, la chica de currículo excelente que trabaja de cuidando niños, la pareja de jóvenes del ático que descienden la escalera al ritmo de la música y la suben de dos en dos para fortalecer los glúteos… Sinceramente, creo que esto representaría mejor a la sociedad en las diversas instituciones públicas.

Como somos así y no dejaríamos margen de maniobra otros sectores, nos miramos en exceso el ombligo, propondría un consejo asesor para las distintas administraciones formado por una lupa, un cerdo de granja, un cuchillo jamonero, una vaca lechera, una gallina, la cresta de una ola, una grulla, un llavero con llaves maestras, un pincel, un lince, uno de los últimos lobos, la camisa de fuerza de un loco, la ropa interior de un sano, un gorrión, una rata de ciudad, una rata de campo, un topo, la tapa de una alcantarilla, un sillón de despacho, una silla de cocina, una sartén, un tomate, un manojo de perejil, un puñado de tierra de huerto y de playa y de parque y de monte, un sacacorchos, un lápiz, un zapato, una barra de labios, una horquilla, la quilla de un velero, un confesionario, un diván de psiquiatra, la cama de un burdel, una sabana, un mazapán, una baldosa, una teja, una cuchilla de afeitar, una porra de policía, una navaja de atracador, el cristal roto de un colegio, un grifo, una cartera de ejecutivo, una colilla de tabaco, una chincheta, un mosquito, un cepillo de dientes, una lata de sardinas, la monda de una naranja, un destornillador, una compresa, un pañal, la campaña de un campanario, la campanilla de un hotel, una taza manchada, una uña, un diente de leche, la funda de un móvil, un rollo de papel higiénico, una tirita, un ojo de cristal, una prótesis de silicona, un recogedor, una mota de polvo, un preservativo usado y uno sin usar de un bolsillo, el hueco de un ascensor, el relleno de un cojín, el color morado, el rojo, el gris marengo, una calculadora, un motor diesel, un lubricante, una postura de hachís, el marco de un espejo, una pecera, un botón. Todos ellos bien remunerados y que me disculpen los aquí omitidos.

Para terminar, este país de estados, naciones, nacionalidades e idiosincrasias varias queda coronado en su cima, no se entonces por que no se instaura la figura del bufón oficial, de los otros vamos sobrados.

P.D. No he tenido un buen día y espero no realizar muchas más entradas sobre política, y no olvidemos que los responsables somos todos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: