Fin de semana

Decides hacer una escapada y si bien no esperas que sea todo perfecto, al menos existen una serie de aspectos deseables: buen tiempo, tranquilidad, paseos, reencontrarte con gentes y paisajes, y una pequeña dosis de aventura. Hecho este último asegurado gracias a Izarbe, nuevo miembro en la familia desde hace un puñado de meses, que junto a Cristina y Crispi, una gata siamesa, componen el universo (existen otros universos imaginados y reales que contar) intimo que me rodea; aventura de día, aventura de noche, aventura para comer, aventura para pasear, aventuras sin fin y para descubrir, y como no, aventura en el coche.

Las predicciones meteorológicas no eran priori las mejores, pero ya estaba decidido y así que a ponerse en marcha y a hacer ruta.

Colores esperados y no defraudados nos esperan, la naturaleza a obrado y los verdes nos saludan junto al rojizo terruno perenne, todo ello acompañado de una cortina de agua que se une y no nos abandonará, siendo fiel acompañante de principio a fin.

El recibimiento nos viene dado por el castillo y el caserío distribuido a lo largo de la ladera, asomando sus ojos en espera de la luz de la mañana y atisbando la futura despedida del ocaso. La pendiente pronunciada anuncia fatigas y muestra a la vez que oculta las entrañas de Alcalá de al Selva.

Una vez asentados al calor del hogar solo queda la espera, una tregua del cielo, para poner pies en tierra y avanzar por caminos, pero anticipo que esto no va a ocurrir. Qué nos queda, la danza que la naturaleza nos muestra, viento y agua unidos para formar sonidos cambiantes y dibujos imposibles sobre el cristal que desfiguran el paisaje y transportan a mundos atávicos; olores viejos como la tierra, no se si producto de la imaginación o reales, soy fumador y el sentido del olfato no esta en plenitud de condiciones, a madera quemada en hogares que propicia calor al ambiente, a pino, a tierra húmeda, a horno de pan cocer… a pueblo viejo; sonidos, de gata en celo, de madera crujida, de campana en cuartos y horas, de ladridos lejanos, de corrientes de agua, de canaletas evacuando, de pasos y voces nítidas en la noche…; sabores, debilidad antigua por empanadillas de atún, tomate, pimiento, huevo y cebolla recién salidas del horno e introducidas en la boca para evocar tiempos pasados y revividos en un instante, a aceite rancio de conserva y a agua de fuente y manantial que siempre sacia; gentes, y sus miradas, y sus olores, y sus voces, y sus virtudes, y sus defectos, y sus emociones, y sus historias…

De regreso no nos abandona el líquido elemento y la corte de grises que la acompaña, jalonando de nubes las vías de gris asfalto hecho espejo que nos dirige los pasos.

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